En un cementerio de una aldea del norte de
Liberia no hay ritos funerarios religiosos ni tradicionales. No hay
ceremonia ni duelo, no hay familiares ni adioses.
No hay más que un grupo de hombres vestidos con algo parecido a un
traje espacial; arrojan cuidadosamente un cadáver en una tumba y solo se
detienen para arrojar cualquier cosa que llevaran puesta y que hubiera
entrado en contacto con el difunto.
Estos hombres forman parte del equipo
de reacción al ébola de ese país; su misión específica es enterrar a
cualquier persona que se sospeche que haya muerto a causa del virus.
El virus se propaga por el contacto con la sangre y los fluidos
corporales de las personas infectadas, incluso un cadáver lo puede
transmitir
.Para ayudar a combatir la propagación de la enfermedad, el gobierno
liberiano instruyó a sus ciudadanos que no entierren a alguien que muera
a causa del ébola o que se sospeche que se contagió.
Durante varios meses, los liberianos ignoraron la instrucción porque
temían que sus comunidades los rechazarían si reconocían que algún
familiar había muerto de ébola; sin embargo, en el condado de Lofa —zona cerodel brote en el país— casi todos han sido testigos del sufrimiento devastador y de las numerosas muertes a causa del virus. Ahora, cada vez que se sospecha que alguien de la comunidad murió a
causa del virus, llaman al equipo de reacción al ébola para que vayan a
enterrar el cuerpo con seguridad.
Zona de cuarentena
Barkedu tenía más de 8.000 habitantes y ahora está en cuarentena: nadie puede entrar ni salir.
El aislamiento le está pesando a la comunidad.
"Desde que empezamos a recibir la muerte a causa del ébola… todas las
actividades cesaron", dice Musa Sessay, el jefe del pueblo. "Porque
aquí nos dedicamos a la agricultura y no ha habido agricultura". "Necesitamos comida, realmente necesitamos medicamentos. Pero lo más
importante son los medicamentos porque el hospital está cerrado, no hay
trabajadores de salud", cuenta.
Así es la vida en Lofa: la gente está encerrada, temerosa y sola. Ni siquiera los trabajadores de salud se libran de los efectos devastadores del ébola. A veces, cuando los llaman para investigar un caso, llegan solo para descubrir que la víctima es uno de los suyos.
Pesadillas sobre el ébola
Una de las clínicas locales tuvo que quedar en aislamiento luego de
que todos los empleados contrajeran el virus. Solo uno de ellos
sobrevivió."Es muy desalentador. Estás trabajando por el equipo en el frente y
de pronto los ves caídos. Día tras día mueren", cuenta Tamba, quien
reconoce que su estresante trabajo le provoca pesadillas.
"A veces nos vamos a la cama y no soñamos con otra cosa que el ébola, ébola, ébola… nada más", explica. "Varias veces he soñado que me contagio, me veo en el centro de manejo de casos".
Pero a pesar de todas las malas noticias, dice que ha empezado a
escuchar buenas nuevas: cada vez hay más sobrevivientes al ébola,
personas que dieron positivo en la prueba de detección del virus pero
como lo reportaron a tiempo, y gracias a los esfuerzos de los equipos
médicos, se recuperaron.
Esos resultados positivos dan esperanza a Tamba mientras él y otros
trabajadores de la salud siguen explicando incansablemente a la
comunidad cómo prevenir la infección.
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