Esta ciudad tiene una deuda de entre US$18.000 y US$20.0000 millones.
Imagínese que perdió su trabajo, le han cortado el agua y la luz y los acreedores tocan a su puerta, pero sobre el sofá en el que está sentado hay colgado un Picasso que heredó de su familia. ¿Lo vendería para salir de deudas?
Ese más o menos es el dilema al que se enfrenta Detroit. La antigua potencia económica y emporio de la industria del automóvil se convirtió el año pasado en la ciudad más grande en declararse en quiebra en la historia de Estados Unidos.
Venida a menos, empobrecida y en decadencia, se estima que tiene una deuda de entre US$18.000 millones y US$20.000 millones, aunque tiene un plan para superar el problema.
La viabilidad del plan está en manos de un tribunal que el 3 de noviembre determinará si es realista y si no favorece a unos acreedores por encima de otros (por ejemplo, sobreprotege a pensionados y empleados públicos frente a concesionarios y tenedores de bonos municipales)
La ciudad tiene un problema de ingresos, agravado por la crisis del 2008 y la reducción de su planta industrial, lo que sumado al declive de su población implica una menor recaudación de impuestos.
Por eso algunos han planteado que Detroit debe echar mano de los "tesoros de la familia" para usarlos como activos en caso de que el juez decida que el plan de salida de bancarrota necesita ajustes.
Un túnel y un aeropuerto
Situado a nueve kilómetros de Detroit, el aeropuerto Internacional Coleman A. Young, es uno de los activos en la mira de quienes buscan resolver los problemas financieros de la ciudad. Solo que no se usa.
"Infrautilizado" es la descripción que ha hecho en alguna ocasión el gerente de emergencia de Detroit, Keyvn Orr, encargado de la aplicación del plan de recuperación.
El también llamado City Airport sólo se usa para vuelos privados y de carga, mientras que los habitantes de Detroit suelen usar el Detroit Metropolitan Wayne County Airport, a más de 30 kilómetros de la ciudad.
"Por su localización debería atraer muchos negocios relacionados con el tráfico aéreo y podría servir como aeropuerto central", argumentaba en un artículo publicado en el diario Michigan Capitol Confidential, el ingeniero especialista en transportes Michael Farren.
Sin embargo, quienes se oponen a ese plan alegan que, si la ciudad vende el aeropuerto, tendría que devolver cerca de US$10 millones en subvenciones que la terminal ha recibido en los últimos años.
También el túnel que comunica a Detroit con la vecina Windsor, del lado canadiense de la frontera es un activo apetecido por algunos, quienes ven en la concesión una manera de recobrar efectivo en el corto plazo.
La mayor isla-parque de EE.UU.
Belle Isle es una inmensa isla ubicada frente a Detroit, entre EE.UU y Canadá, a la que miles de personas van cada año a disfrutar de todo tipo de ferias y eventos o simplemente pasear por sus jardines. Hasta ahora era gratis.
"Belle Isle podría estar pronto gestionada por el estado de Michigan y usted tendrá que pagar para entrar allí". Así anunciaba un presentador de la cadena local de ABC una audiencia pública del Concejo Municipal a principios de año para discutir el futuro de esa isla parque de 398 hectáreas, poco antes de que la ciudad decidiera cedérsela al estado de Michigan para su gestión.
La cesión se hizo efectiva en febrero, pero la isla aún pertenece a la ciudad y estará manejada durante 30 años por el estado. Se estima que le podría generar unos ingresos de US$8 millones anuales.
El estado de Michigan comenzó su plan de mejoras a la isla-parque –la mayor en su tipo en EE.UU.- que le ahorrará a Detroit entre US$4 y US$6 millones anuales.
Una propuesta más extravagante quedó en suspenso: la de un empresario local, respaldado por inversores y políticos locales, quien aspiraba que se vendiese la isla por US$1.000 millones para convertirla en un bastión privado del libre mercado y el capitalismo.
Otros terrenos municipales, sobre todo ubicados sobre la línea costera del centro de la ciudad, son vistos con interés por acreedores, que estarían dispuestos a aceptarlos como pago para acometer desarrollos urbanísticos, algo que ayudaría a revitalizar la deprimida zona.
Su inmensa colección de arte
La opción más polémica sobre cómo pagar la multimillonaria deuda de la ciudad es la posible venta o cesión, parcial o total, de su inmensa colección de arte.
Pese a que dijo que no era "su mayor prioridad", el gerente de emergencia, Keyvn Orr, reconoció que estudiaría la posibilidad de echar mano de las 60.000 obras que alberga el Instituto de Arte de Detroit (DIA), considerada una de las mayores colecciones de propiedad pública en EE.UU.
Entre esas piezas, hay cuadros de Picasso, Matisse, Juan Gris, un autorretrato de Van Gogh de 1887 o un fresco del mexicano Diego Rivera, muchas legadas de los tiempos más opulentos de la primera mitad del siglo XX.
Hay un gran debate en torno a la propiedad de las obras y el derecho o no a enajenarla. El DIA alega que la ciudad no puede venderlas porque pertenecen a un fondo benéfico que le pertenece al pueblo de Michigan y están protegidas por leyes estatales.
La idea, que seduce a muchos coleccionistas y casas de subastas, lanzó una guerra de cifras sobre su verdadero valor de la colección, que va de US$850 millones a US$4.600 millones, según quien lo mida.
Los acreedores han acusado a Detroit de subvalorar su propio arte para restarle atractivo como medio eficaz para la cancelación de las deudas.
En el juicio sobre la bancarrota se han presentado propuestas millonarias para la cesión de algunas obras, pero el DIA afirma estar listo para la defensa legal de la colección si el juez no aprueba los planes de la ciudad y decidiera que en el proceso de saldar sus deudas Detroit tiene que usar todo lo que tiene, incluyendo las joyas de la familia.
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